“Si no hay lugar para estacionar, el centro va camino a la desertización”

Elías Soso y el estacionamiento de Rosario
Elías Soso tiene una dilatada trayectoria como comerciante, industrial y dirigente del gremialismo empresario. No oculta su fascinación por las ideas del ex presidente de la Nación Arturo Frondizi.

Locuaz y sin pelos en la lengua. Arremete contra la Municipalidad porque sostiene que las disposiciones que restringen el uso del auto “están matando al centro” y beneficiando a los shoppings. Dice que Rosario “nunca va a ser una gran ciudad mientras tenga estos niveles de marginación social”. Pide a los grandes empresarios locales mayor compromiso y de paso critica las cenas de gala que éstos realizan anualmente con el objetivo de juntar fondos solidarios (“con lo que gastan en alquilar los fracs para ir a esa fiesta se podrían juntar tres millones de pesos”, sostiene). Y dice que la ley de descanso dominical que aprobó la Legislatura es “blandita”, porque deja librado a cada municipio su aplicación.

Pese a que hace dos años dejó de presidir la Asociación Empresaria de Rosario (AER), entidad que condujo durante tres décadas, Elías Soso sigue siendo uno de los máximos referentes locales del sector. La militancia gremial, que es su gran pasión, la canaliza hoy como vicepresidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), que representa a centenares de federaciones, cámaras, centros y uniones industriales, agrarias y de servicios de todo el país.

La sencilla oficina que tiene en su negocio de telas en San Luis al 1800 es su centro de operaciones. Sus paredes y repisas están repletas de plaquetas y estatuillas de reconocimiento a su vasta trayectoria gremial. El escenario se completa con una computadora que luce un fondo de pantalla con el rostro del ex presidente Arturo Frondizi junto a la frase “El desarrollo como camino para la integración”.

Soso, de 76 años, es rosarino, de padres sirios y libaneses, quienes lo formaron en “la escuela del trabajo”. Cursó la secundaria en el Superior de Comercio, donde fue presidente del centro de estudiantes. Luego comenzó a estudiar derecho, pero dejó inconclusa la carrera para dedicarse de lleno a la actividad comercial e industrial. Sosotex, la mítica fábrica de camisas que fundó con uno de sus hermanos y que llegó a tener más de 150 empleados, tuvo que cerrar antes de quebrar durante los años 90 al no poder competir con la avalancha de productos importados que ingresaron al país de la mano de las políticas económicas de aquellos años.

Durante su presidencia en la AER lideró innumerables campañas: en defensa de la industria nacional, por la apertura del microcentro al tránsito, en reclamo por la tarifa de la EPE, por la construcción del puente a Victoria, en contra de la venta ambulante, por la rebaja en las comisiones de las tarjetas de crédito y para exigir mayor seguridad. Incluso en 2001 hasta regaló cacerolas a los periodistas de manera simbólica para alentar las protestas contra el gobierno por la crisis económica. En definitiva, estuvo en casi todas.

—¿Cómo ve la situación social de Rosario?

—En la ciudad subyace el tema de la marginalidad desde hace muchos años. Y la aparición de la violencia ha puesto de manifiesto esto, no hay ninguna duda. Esta marginación que ahora se nota, es preexistente. Pero Rosario no es una isla en esto, es un problema que existe en muchas ciudades de Argentina.

—¿Cree que los contrastes en Rosario se han profundizado en los últimos años, entre un sector de la ciudad que avanza impulsado por capitales privados en convenios con el Estado municipal, mientras el resto de los barrios camina lento?

—Sí, eso es algo que me choca. Porque la velocidad de este avance la están dando las inversiones privadas fundamentalmente. La simbiosis público-privada ha funcionado parcialmente. Pero lo que ha dependido del Estado son a mi juicio las deudas pendientes que se tienen con la sociedad. Rosario nunca va a ser una gran ciudad, los dirigentes nunca podremos ponderar que hemos cumplido, mientras tengamos esta marginación social. Rosario tiene todavía un enorme trabajo que hacer por la inclusión. Todos los sectores de la sociedad deben hacer el aporte para avanzar en este sentido. Esta ciudad tiene que recuperar mucho más del aparato productivo, faltan muchas obras públicas en Rosario, obras de infraestructura.

—Estamos en pleno siglo XXI y todavía hay barrios de la ciudad sin cloacas y con zanjas en las veredas.

—La infraestructura de la ciudad es mayoritariamente subdesarrollada. Para una ciudad como Rosario, con el aparato productivo que tiene, evidentemente no hemos sido equilibrados en la inversión de los fondos públicos. No digo dejar de lado la belleza de la ciudad, sus parques, sus paseos, no. Hablo de la profundidad de una ciudad, de sus obras de infraestructura. En Rosario no hay dos ciudades, sino varios segmentos de ciudad. Hay una ciudad que está cubierta en sus necesidades básicas, pero no solamente en eso, sino que está en el lujo. Eso se ve en los grandes edificios, en esas grandes inversiones que se han hecho. Después está la clase media tradicional y después hay alrededor de 200 mil personas en la ciudad que viven en condiciones infrahumanas. Y esto es producto del subdesarrollo. Todavía el país no hizo una acumulación de capital suficiente para producir una distribución equitativa. La marginalidad es madre de todos estos desencuentros.

—¿Qué opina de la ley de descanso dominical que aprobó la Legislatura santafesina?

—Esa ley que se aprobó es blandita.

—¿En qué sentido?

—Es que deja librada a cada municipio la aplicación o no. Yo estoy a favor de todas las conquistas sociales que mejoren la calidad de vida de la gente. El hombre es el centro de la escena en la vida de la humanidad, no es un ingrediente más para juntar capital. Los domingos los empleados deberían estar en sus casas con sus familias, porque no es lo mismo el domingo que el martes. Pero esto en el fondo es una pelea entre los grandes capitales concentrados contra los pequeños comerciantes, los negocios chicos, que no se alarman por cerrar un domingo porque igual lo hacen para estar con sus familias, hacer el asadito… Mientras que el otro que vive en Francia, el otro en EEUU y los otros que no se los conoce porque son accionistas quieren tener abierto los domingos, y simultáneamente se llevan la guita a bancos extranjeros. Porque estamos en definitiva hablando de dinero, entonces yo quisiera saber efectivamente cuánto aporta al crecimiento de Rosario esta gente. Sin embargo, Fein acaba de decir que hasta febrero sería bueno que dejemos tranquilo el tema.

—¿Por qué cree que la intendenta pide postergar el tratamiento en el Concejo?

—Porque no están convencidos del descanso dominical. Por eso esa ley salió con las reformas que le hizo el Senado, y no como se aprobó originalmente en Diputados. Así quedó muy livianita.

—¿Cómo se entiende la violenta reacción de la empresa Coto que contrató patovicas y barrabravas para presionar a las autoridades públicas?

—Yo lamento que esto haya surgido de un empresario nacional de prestigio, un laburante que empezó de la nada como lo hizo Coto. A veces uno se resiste a pensar que el deseo de la acumulación te lleve a esos niveles de pelea. Pero claro, si se cae la venta de los domingos para los supermercados y los shoppings se democratiza la venta en los pequeños comercios del centro y de los barrios de lunes a sábado. Coto tendría que leer o escuchar lo que dice Bernardo Kliksberg sobre la responsabilidad social empresaria. La época más feliz de los empresarios en la Argentina, y eso Coto debería saberlo, fue cuando los obreros se llevaban el 53% de la torta. Llegamos a darles el 27% y no tuvimos una guerra civil. Este es un país maravilloso. En los últimos años hubo una recuperación notable en el poder adquisitivo de los trabajadores, en buena hora porque el modelo es que todos consuman. Ojalá pudiéramos pagar mejores salarios.

—¿Está de acuerdo con la medida del municipio de prohibir el estacionamiento en numerosas calles del centro?

—No. Este último Día de la Madre los shoppings le ganaron por goleada al centro. El gobierno municipal tiene severos, pero severos errores de implementación en las políticas de tránsito y circulación dentro del centro. ¿Sacaron los contenedores para agilizar el tránsito? No los sacaron. ¿Pusieron agentes de tránsito en las esquinas para ordenar y agilizar el tránsito? No los pusieron. ¿Hablaron con la EPE para pedirles que trabajen de noche, como lo hacen en Buenos Aires, y no perjudiquen la actividad comercial? No hablaron. ¿Hicieron las dársenas para poner los taxis en la zona céntrica? No las hicieron. ¿Se tomaron otras medidas que coadyuvaran a que los autos circulen más ágilmente? No se tomaron. Además, los problemas de tránsito en Rosario sólo se dan en el horario pico, no tenemos los problemas de otras grandes ciudades. Y en lugar de permitir la construcción de estacionamientos, ahora pusieron un sinnúmero de disposiciones reglamentarias. ¿Y los estacionamientos subterráneos? ¿Cuál es el problema? Dicen que es un negocio, y claro, ¿quién lo va a hacer?, alguno que quiere ganar plata, ¿y cuál es el problema?

—¿Y por qué cree entonces que se toman estas medidas?

—¿Sabés lo que pasa?, es que son dirigentes políticos de power point. Repiten mucho lo que leen en los libros. Son esos funcionarios que te muestran las diapositivas, las maquetas, los proyectos… ¿Pero eso qué es?, eso es teoría. En teoría, fenómeno, ¿pero en la práctica cómo hacemos? Que se paren en la esquina, que caminen el centro y verán que con sólo poner un inspector de tránsito se agiliza la circulación. ¿Y las miles de personas que viven en el centro, qué hacen, no pueden estacionar, no pueden detener sus autos para que los familiares bajen? Deberían saber que las ciudades no son de goma. Y ojo porque esto va alimentando una tendencia que con el tiempo desertizará el centro. Ya hay empresas importantes que van buscando negocios en los alrededores de los shoppings y fuera del área central. El centro en estas condiciones, si no hay lugar para estacionar, va camino a la desertización, con lo cual pierden valor las viviendas, los locales, porque se irá transformando en una concentración de compañías de seguro, negocios de celulares, bancos y financieras, y prestadoras de servicios. Así están matando al centro. Los comercios del centro ocupan a más de 25 mil personas y facturan el 51% del total de Rosario. Estas restricciones al tránsito restan miles de consumidores diarios al centro beneficiando a los shoppings y a los locales de los nuevos complejos de Puerto Norte. Al centro de la ciudad hay que cuidarlo como al corazón de la persona.

—¿Qué es lo mejor y lo peor del empresario rosarino?

—El empresario rosarino es hijo del esfuerzo. No sé si somos iguales o peores que otros. Somos diferentes. Hablamos con los empleados, siempre estamos pensando en comprar, en cómo aumentar las ventas, eso es bueno. Es la cultura del trabajo. Y nos ha ido bien. Ha sido generosa Argentina con nuestros viejos inmigrantes. Y lo peor es que también nos fuimos criando en la idea de que la guita costaba mucho ganarla, y eso nos ha hecho medio individualistas, eso no es bueno.

—¿Y por qué en Rosario ya no se ven familias adineradas comprometidas con la ciudad como lo fueron en su momento los Martin, Castagnino, Estévez, Vasallo, cuyas millonarias donaciones son hoy parte importante del patrimonio de la ciudad?

—Los grandes capitales deberían ser un poco más generosos con la ciudad. Ahora hay una fundación que hace una cena anual para recaudar fondos…

—¿Se refiere a la Fundación Ciudad de Rosario, que recientemente organizó la llamada Gala Solidaria?

—Sí, esa cena que hacen es un esfuerzo notable para nada. No estoy de acuerdo con eso. Hay otros mecanismos que son muchos más eficientes para colaborar con la ciudad, como puede ser armar un fondo común, porque organizar esa cena cuesta una fortuna. Si a vos la Municipalidad te aumenta el 0,5% del Drei (derecho de registro e inspección) se arma un despelote impresionante que salimos todos a la calle, pero en verdad no sería nada al lado de todo eso que se gasta para realizar la cena de gala. La fiesta la pueden hacer igual. Pero vos vieras la ropa que se ponen. ¿Sabés cuánto cuesta alquilar un frac? Unos 3.000 pesos. ¿Por qué no ponemos esa plata en un fondo? Unos 1.000 tipos a 3.000 pesos son 3 millones de pesos.

—¿Usted se define políticamente como desarrollista?

—Fui, soy y seguiré siendo desarrollista. Máxime ahora que estamos ratificados por todos los partidos, desde la izquierda a la derecha, que reivindican las ideas desarrollistas. Desarrollo es cuando un país financia su propio crecimiento. Por eso tengo coincidencias con algunas de las actuales políticas que, con todos los errores que tienen, que son y muchos, han acertado de una manera bastante impactante en lo que se refiere a la modificación de la estructura del país. Rompieron la vieja matriz del país agroexportador. Esto es desarrollismo puro.

—¿Entonces considera que esta es una década ganada?

—Es una década aprovechada, y no se aprovecha más por culpa de toda nuestra clase política, y digo toda porque son los oficialistas y los opositores. Entonces es una lástima porque podría haberse transformado realmente en una década superganada si hubiéramos tenido el ingrediente de la conciliación social y nacional.

—¿Quién cree que será el futuro presidente del país?

—No tengo la bola de cristal. Hay algunos que eran candidatos a presidente y ya no son más. Y ahora hay dos que están creciendo mucho. Entonces pienso que estará entre esos dos: Scioli o Macri.

—¿Y quién quisiera que gane?

—Yo fui amigo de los padres de Scioli.

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