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Opinión Económica 2012/2013

Crecimiento de Argentina en 2013.
Sin apego a “vender humo”, estamos esperanzados en que el año 2013 presente una semblanza general mejor que la verificada durante 2012.

Varios resortes afectaron la economía durante 2012: los “ruidos” suscitados en el mercado de cambios a finales de 2011; la desaceleración de la actividad en Brasil, lo que nos influye; la sequía que se dio en el agro, con sus repercusiones; determinadas tensiones iniciales relativas a las medidas de intervención en las importaciones que depararon en el arranque cierta incertidumbre; la demora en el cierre de las paritarias.

Durante el segundo trimestre de 2012, la desaceleración se tornó clara. En el plano nacional, la política fiscal, con el respaldo del Banco Central, pegó un giro más contracíclico y ayudó a colocarle piso al aminoramiento del ritmo de actividad.

Ya en la segunda parte de 2012, fueron asomando signos, aunque de manera trabajosa y no sin altibajos, que despuntan la posibilidad de una mejoría. El propio consumo pareció tonificarse algo, y las ventas navideñas reflejarían en parte ese fenómeno.

De cara al 2013, en tanto pudiera afirmarse la economía brasileña, y contando con una situación mas airosa en lo que atañe al aporte de la soja y afines, el ciclo económico nacional tiene chances de levantarse, lo cual, asimismo, podría servir de aliciente para la inversión. De paso, con una mayor disponibilidad de divisas, se vería más facilitada la reacción del sector industrial. Es importante que todo esto redunde en una tonificación del mercado de trabajo.

Estamos conscientes de que “no todo son rosas”. Lo más probable es que ya no contemos con el crecimiento vertiginoso de años atrás. Además, observamos atentamente algunas presiones de orden costista que generan inquietud. Por ejemplo, los aumentos de impuestos y tasas en las jurisdicciones provinciales y municipales, los aumentos tarifarios en distintos servicios, y los mismos aumentos que de modo perentorio ya se han producido en las primas de las ART.

También pensamos en la conveniencia de avanzar hacia una mayor racionalidad en torno a la legítima puja distributiva. Esto, sabiendo que los salarios constituyen el bastión del consumo, clave para la expansión de la economía y del mercado interno. Pero, también hay involucrada una dimensión de costo que no puede escapar a una ponderación razonable de su incidencia, en especial en el caso de las PyMEs.

A su vez, preocupa el proceso de apreciación real del tipo de cambio, porque esta variable, sin conformar el único factor de competitividad, es, sí, una palanca básica crucial. Obviamente, no cabe por diversos motivos, una corrección súbita y fuerte. Las autoridades, por su lado, decidieron elevar el ritmo de las minidevaluaciones, haciéndose eco probablemente de cierta preocupación. Sería importante, entonces, examinar la posibilidad que, dentro de un armado más general, una aceleración algo mayor de aquél permita ir recuperando dosificadamente paridad real sin consecuencias irritantes.

Además, cuando más se afirmen las señales de mejoría, cierta incertidumbre aun operante en las expectativas empresarias, podría irse acotando, con beneficio para el esfuerzo inversor y para la propia consolidación de la mejora. Justamente, en este ámbito tan vital, emergiendo algunos rubros identificables de inversión, como lo relativo al desempeño de YPF, o a la presencia fideicomisos –algunos orientados hacia emprendimientos inmobiliarios en base a expediente pesificados-, sería interesante examinar la opción de un mecanismo de regularización patrimonial en sentido amplio, direccionado específicamente a los rubros de inversión como los apuntados, sin desmedro de otros destinos productivos. Es decir, incorporar a la economía formal, capitales que elijen emigrar o permanecer en dólares, incluso presionando sobre el llamado dólar blue. La idea es incorporar capital estéril al circuito, que sea funcional a retroalimentar el mercado interno y la generación de empleo..

En fin: culmina un año 2012 no exento de dificultades, pero, que en su parte final –y no sin vacilaciones- perfila un comportamiento algo más propicio. La esperanza es que este último rasgo sea ratificado y extendido durante 2013. También es verdad que, aun insinuándose un ciclo de negocios más animado, subsisten algunos aspectos problemáticos para los que se requiere empeño e inteligencia para su progresivo encauzamiento.

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2013: Un año de oportunidades

2013, un año de oportunidades.
El 2012 termina. Ha sido un año difícil, incluso para la Argentina. Pero el 2013 será mejor, tenemos varias razones para pensarlo y ser optimistas.

La economía mundial atraviesa desde hace ya cinco años una etapa de crisis sistémica, con alta incertidumbre y relativo estancamiento económico; una situación que sin dudas sería más decepcionante aún si no fuera por el aporte creciente de las economías emergentes, cuyo desempeño económico ha permitido compensar parcialmente la contracción de las economías mayormente desarrolladas.

Este cuadro, en sus trazos gruesos, continuará durante los próximos años, habida cuenta de que no se avizoran atisbos de solución en el corto y mediano plazo.

Pero si el 2012 se presentó como un año particularmente complicado, comparable con lo acontecido en 2009, el 2013 nos deparará, a nivel global, un escenario levemente superior. No para Europa, que seguirá estancada, o incluso se contraerá más; pero si para Estados Unidos y Japón.

La nota positiva la darán nuevamente las economías en desarrollo, algunas de ellas de especial importancia para nuestro País, por las relaciones comerciales que mantenemos con ellas, como es el caso de Brasil y China. Se espera que Brasil crezca en 2013 un 3,8%, gracias a políticas de estímulo al consumo y la inversión; y China, se espera que haga lo propio creciendo un 8%, una tasa inferior a la que nos tiene acostumbrados en las últimas décadas, pero alta en términos internacionales. Por otra parte, los precios de los commodities probablemente mantengan niveles elevados como los actuales, lo cual constituye un elemento adicional de optimismo por los beneficios que ello supone para nuestras exportaciones.

Así, si la economía mundial no colapsa y las economías centrales de Occidente no agudizan su crisis insistiendo en políticas de ajuste, tan ineficientes como contractivas, la economía internacional podrá crecer un 3% y los flujos comerciales alrededor de un 4,5%.

¿Y 2012 en la Argentina Qué?

Nuestra economía también tuvo un año difícil. En 2012 se desaceleró, bajando pronunciadamente su ritmo de crecimiento. Como era de esperar, no podía quedar ajena a los efectos contractivos de la crisis mundial, especialmente de la desaceleración de Brasil y su impacto sobre nuestras exportaciones manufactureras. Pero también sumamos condimentos autóctonos.

Después de un crecimiento económico inesperadamente elevado durante 2010 y 2011, las importaciones crecieron a un ritmo peligroso para nuestras cuentas externas, la importación de energía fue un ejemplo patente de aquello.

Paralelamente, la aceleración de la fuga de capitales, las crecientes remesas de utilidades por parte de las empresas extranjeras, y los compromisos de deuda externa que debíamos atender durante el corriente 2012, sembraron el temor de un regreso a la restricción externa de dólares que tanto daño nos hiciera en otras épocas de nuestra historia.

Para evitar un desenlace como el temido se inició un camino marcado por la aplicación de políticas de sustitución de importaciones y exportaciones, por la protección de la producción nacional, y por la recuperación definitiva de la soberanía monetaria. Estas políticas, aunque necesarias e imprescindibles, por su naturaleza requieren varios años para desenvolverse, y producen en la transición tensiones e ineficiencias.

Así, la concurrencia de factores externos e internos nos dejaron un 2012 que esquivó la crisis, pero también sacrificó buena parte del crecimiento que veníamos registrando.

¿Y en 2013? Con:

  • Las condiciones de borde internacionales que describimos más arriba;
  • Con el impacto positivo que generará la mejora en la cosecha agrícola,
  • Con la recuperación prevista de la demanda externa (especialmente de Brasil);
  • Sin problemas en corto plazo con nuestras cuentas externas (superávit comercial superior a los 10.000 millones de dólares, compromisos de deuda externa manejables, y regulada la fuga de capitales);
  • Y, fundamentalmente, con el impulso de la demanda interna de consumo e inversión, y la consiguiente expansión de nuestro mercado;

La economía nacional tiene que retomar la senda del crecimiento económico, en torno al 5% anual para el año que se avecina. ¿Esto resolverá todos nuestros problemas? Desde ya que no. Crecer no es lo mismo que desarrollarse; y en esta última materia tenemos camino por recorrer: mejor distribución del ingreso, reforma tributaria, infraestructura de transporte, mayor desarrollo y autosuficiencia energética, menor volatilidad de precios, menor concentración económica, mayor financiamiento para la producción y el empleo, etc.

Pero mucho hemos hecho, y volver a crecer con un escenario internacional crítico pero menos estancado, nos dará la posibilidad de continuar la senda del desarrollo económico con integración política y justicia social.